YOGA SÍNTESIS
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10
Sep
2017
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SAMÂDHI. La absorción

Con este octavo miembro del asthānga-yoga de Patañjali llegamos a la culminación del proceso de concentración y absorción de la mente. La relación profunda que se establece en dhyāna con el objeto de elección se convierte aquí, con samādhi, en una integración total con dicho objeto. Podemos decir que es una relación de grado de profundidad. En la observación, concentración y meditación hemos ido profundizando más y más en las características del soporte de la atención, ahora con samādhi damos un salto de nivel. (…)
    Hasta cierto punto, Patañjali en los Yoga-sūtras nos habla desde el sentido común. Para conocer la realidad, esa que se presenta fuera o que anida dentro tenemos que cultivar nuestra atención. Tenemos que aislar la información sensorial, utilizar nuestra capacidad de indagación, desempolvar la intuición y lidiar con lo complejo. Nada fácil de entrada. Sin embargo, en Yoga no buscamos centrarnos en un conocimiento convencional del objeto que deseamos conocer que muchas veces nos lo sirve en bandeja la propia memoria, sino un conocimiento novedoso, abarcador y profundo. 
Samādhi proviene de sam que significa completo, y de âdhi que significa absorción, esto es, una completa absorción mental. Hay quien habla de éxtasis pero puede llevarnos a una cierta confusión, ya que podríamos pensar en trances psicológicos o experiencias paranormales, y no tiene porqué darse en estos términos. Por eso, previo a esto, estaría bien preguntarnos qué ocurre en el proceso de samādhi.

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3
Sep
2017
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DHYÂNA. La meditación

Si pudiéramos registrar fácilmente los movimientos de nuestra mente a lo largo del día nos daríamos cuenta de la cantidad de estados por los que transita. La mente ordinaria suele alternar entre la confusión y la dispersión. A menudo se enroca en sus propios delirios, da vueltas y vueltas alrededor de ideas obsesivas que persiguen una sensación de seguridad, una autoimagen glorificada o estrategias de poder personal. En este estado la mente es reactiva, se deja llevar por los estímulos exteriores o por la catarata interna de sensaciones, imágenes, emociones o pensamientos. Cuando la tormenta de agitación amaina, la mente encuentra momentos de atención y calma. Momentos en los que necesitamos ser efectivos, momentos también en los que nos sentimos seguros y sin amenazas inminentes y que pueden abrir la mente a un estado más natural de estar centrados.
Sin embargo, con el Yoga podemos ir más allá, hacia una mente concentrada, como hemos visto en el capítulo anterior. Con dhāranā podemos establecer un contacto directo con el objeto o tema que elegimos como soporte de nuestra interiorización. Toda nuestra atención se dirige a un entorno concreto que rodea al objeto. Establecemos una conexión, un vínculo estrecho, algo así como un noviazgo con el objeto elegido. Pero todos sabemos que en la fase de noviazgo, los novios todavía no se conocen a fondo. Han establecido el lenguaje adecuado, los intereses en común, el ritmo de convivencia pero… todavía no han buceado en la trastienda de lo que son.

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27
Ago
2017
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DHÂRANA. La concentración

Pratyāhāra, tal y como hemos visto, ha permitido calmar la mente e iniciar un proceso de introspección. Ahora es el momento de profundizar. Dhāranā es aquello que mantiene sujeta o atada a la mente en un punto, aunque, en realidad, marca un área o cerco alrededor del objeto que hace de soporte a la concentración, de la misma manera que un arquitecto (concentrado en los planos de una vivienda) circula del sótano a la planta baja y de ésta a la azotea, sin dejar de estar atento a la globalidad de su proyecto. Así, esta concentración de la que hablamos en Yoga no es sólo un punto, sino también un área de atención. Hay un cierto movimiento cognitivo necesario para integrar todas las partes de un todo y darle así profundidad. Ese esfuerzo de concentración que hace la mente afianza una barrera para frenar con ella la dispersión. El o la arquitecto, en ese momento, puede recibir una llamada de su teléfono, oír un ruido extraño o ver algo atractivo a través de la ventana, pero la concentración minimiza la posible fuga de la atención sobre los planos del edificio que está diseñando. 

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25
Ago
2017
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DOLOR

Dolor. Dolor que tiñe la Rambla de Barcelona de rojo sangre. Dolor que riega las calles de mi hermosa ciudad con profunda rabia y tristeza. Sentimos rabia colectiva, nos hacemos preguntas sin respuesta y al fin volvemos al mismo dolor incomprendido. Nos ha tocado a nosotros, un nosotros que es vosotros y ellos porque aquí no hay diferencias de colores, ni de razas, ni de países, ni de idiomas. Toca el dolor de frente y parece ser más fuerte y es entonces cuando levanta voces enfurecidas que gritan no al terror. Es un dolor de todos con nombres y apellidos concretos que merece ser atendido con profundidad casi científica, que penetre en el complejo entramado del mundo en el que nos ha tocado vivir. Cierto, nos han tocado tiempos difíciles, pero ya hace rato que jugamos en este enmarañado pero a la vez conocido terreno de juego. Sus reglas, más o menos aceptadas, sus consecuencias, pagadas día a día. De acuerdo, no somos culpables de nada, pero si en mayor o menor medida responsables de darle forma al mundo como es. Cada pieza tiene su papel en él, cada movimento, su causa y efecto. Así que quizá llegó la hora de quitarse la máscara de los ojos y enfrentarse a la realidad tal y como es, porque ella se modula a través de nuestros actos. Dejemos de apuntar con el dedo acusador, porque es demasiado fácil condenar culpables y lavarse después las manos. Los terroristas son una pieza más, eso sí, mortífera, del juego, víctimas también de la enferma telaraña que compone este mundo. También fueron piezas mortales, cierto, las víctimas de esas víctimas, las que esa tarde de caluroso agosto barcelonés firmaron con sus nombres y apellidos el episodio más triste de la calle más alegre. Pagaron las consecuencias, unas más, del infeliz devenir mundial. Me limito ahora a buscar, en el fondo de mi también dañado corazón, un poco de compasión, ni que sea una brizna..compasión hacia este mundo, herido gravemente de muerte.

Por Clara Arnedo