13
Feb
2015
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El Yoga como educación de la vida

El Yoga es una disciplina psicofísica que lleva miles de años de práctica y esto nos da fe de una cierta garantía, de sus efectos beneficiosos, de su sabiduría.

Desde aquí, y superficialmente, nos parece que hay un sólo yoga, pero existen muchos formas del yoga, muchas líneas. Pero sobre todo muchas formas de transmitirlo.

Por eso es cierto que podemos encontrar en el yoga, como en cualquier disciplina, empresa, grupos comportamientos sectarios que tienden a anular al individuo pero esto no está tanto en la esencia del yoga como en las mentes de los dirigentes y de la ambición de poder. Muy al contrario, el yoga pretende la liberación y no la esclavitud de nadie.

Si tuviéramos que definir al yoga en pocas palabras tendríamos que decir que es una ciencia para unificar lo que previamente está disperso en nosotros. A veces sentimos que el cuerpo y sus necesidades no son escuchadas, que nuestra parte emocional está reprimida y que nuestra mente se ha disparado sin control. Unificar todas estas partes en un sentir global y armónico es yoga, pero también es yoga el volverse a conectar con el mundo sensible que nos rodea en la idea de que todo está profundamente interconectado, que todo se imbrica mutuamente.

Como es lógico, occidente ha cogido del yoga lo que más le interesaba, el aspecto saludable, las posturas, las respiraciones y la relajación. Por eso el yoga que más abunda es ese yoga que parece una gimnasia suave. Y está bien, muy bien.

Por un lado tenemos el mal del sedentarismo a la vez de que vamos agobiados. Lo que más necesitamos es mover el cuerpo (sin llegar al deporte sólo apto para privilegiados) y relajarnos. Pero también está bien comprender que ahí no se acaba el yoga, que hay una dimensión más profunda y mística.

Yo siempre digo que hay tres dimensiones en el yoga, una parte de salud activa donde uno se gestiona su propios recursos preventivos a base de relajarse, estirarse y encontrar silencio. Buscando la dinámica postural más estable, los puntos de apoyo y la verticalidad. Esto es importante.

Pero hay otra parte que es el crecimiento personal que es la de hacer una escucha profunda tanto de su mapa de tensiones como de su propio interior. Esa madurez personal pasa por la aceptación (que no resignación) del propio cuerpo, de lo que uno es, de su responsabilidad como individuo dentro de un grupo social, etc. Son los Yamas y Niyamas.

Y hay una tercera parte que es un desarrollo espiritual, más sutil e invisible pero que es el alma del yoga. El yoga nos dice que lo importante es la elevación de la consciencia y que el anhelo profundo de todos es la de volvernos sabios (que no eruditos). Y sabiduría entendemos por arte de vivir, de ser capaz de escuchar al otro, de valorar las pequeñas cosas de la vida porque la vida está hecha de pequeños detalles, de devolver al mundo un gesto amoroso desde una humildad (que no es falsa modestia). Sabiduría es dejar el juguete goloso del egoismo y pasar desapercibido.

Una cosa importante que nos dice el yoga es que hay que recuperar el ritmo natural de vivir y eso pasa por sacralizar la vida junto al cuerpo. El cuerpo lo vemos como una triste percha que tiene que sostener la imagen social, las modas, los complejos, y casi nunca como un regalo de la vida, como un templo donde refinar la sensibilidad, el movimiento, el gesto.

Hemos de reconocer la sabiduría innata en el cuerpo y dejarlo expresarse.

Cuando nos ponemos enfermos nuestro cuerpo expresa esa somatización pero esa reacción es sabia (a veces un poco ciega) pero ajustada a la necesidad de equilibrio del propio cuerpo. La enfermedad puntual y aguda (no crónica) es una crisis depurativa que hemos de respetar, aunque haya que apoyarla y a veces controlarla. Es una visión radicalmente diferente al modo de sentir de la medicina.

Hacemos demasiado y es menor hacer menos, aprender a no hacer.

Pero también es importante hacer una aclaración porque hay bastante confusión. El yoga no es una terapia aunque sea evidentemente terapéutico. El profesor/a de yoga no puede ni debe diagnosticar y menos poner una terapéutica pues no somos médicos ni psicólogos. Lo que sí es importante es que funcionemos como equipo de salud junto con el equipo médico o psicológico. Nosotros tenemos recursos generales de salud y sabemos qué cosas se han de evitar pero no podemos responsabilizarnos de una hernia ni de una depresión. Porque el objetivo del yoga va más allá, en crear las condiciones para que ese ser que cada uno es pueda expresarse. Con el yoga uno coge poder personal, dignidad, energía vital, claridad, comprensión.

Al final tenemos que comprender que la vida presiona y que las tensiones aparecen día tras día, nadie vive en una burbuja. La vida hay que vivirla y hay que ponerse retos y quemarse junto a ellos, la vida desgasta y nos estresa. El problema no es tanto el estrés puntual sino el no dejarse tiempo para compensar y deshacer esas tensiones. Acelerando el ritmo nos matamos en la tonta idea de que hacer más y más deprisa es más rentable cuando la experiencia nos dice que si uno hace bien y poco a poco llega más lejos. El yoga nos enseña a qué hacer delante del estrés y a ponerle filosofía, a encontrar actitudes donde uno sabe discriminar entre lo verdaderamente importante y lo terriblemente urgente, a saber valorar lo esencial por encima de la novedad.

Me gustaría dar unas palabras a una profesión tan bella como es la del yoga que pierde legitimidad porque muchos profesores no están verdaderamente formados.

Es una profesión que hace una educación de lo más básico de la vida, como sentarse, moverse, estar, respirar o relajarse. Que cultiva la sensibilidad, que reinterpretar la tradición, lo que dice la filosofía perenne, que nos habla del arte de vivir, que nos dice escucha profundamente, apoya toda vida y respétala.

Julián Peragón

ENTREVISTA DE YOGA JUL01 CATALUNYA RADIO

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