30
Jun
2015
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Julián Peragón habló de creatividad y concentración en la UAH

Es la primera vez que Peragón, director de ‘Conciencia sin Fronteras’, antropólogo y formador de profesores de yoga participa en los talleres de la Escuela de Escritura en la UAH, Universidad Alcalá de Henares. En esta entrevista nos acerca al ámbito de la meditación y la importancia que ésta tiene en nuestras vidas.
Julián Peragón

-No es habitual relacionar la concentración con la creatividad, ¿qué tienen en común o cómo se interrelacionan?
-Cuando nuestra mente está excesivamente condicionada suele recorrer caminos trillados para encontrar respuestas conocidas de antemano que le dan una cierta seguridad. En cambio, una mente atenta podrá encontrar caminos nuevos a las diferentes situaciones que se encuentre en la vida. Un buen cocinero sabrá crear platos nuevos y exquisitos con los mismos ingredientes que cualquiera de nosotros utilizaría para hacer un plato convencional. Lo convencional es una respuesta fijada por una cultura o por una individualidad pero lo creativo sólo puede darse en un presente como adaptación a las nuevas realidades que nos encontramos. Por poner un ejemplo, el regateo que hace un futbolista en medio de un partido tiene algo de experiencia y habilidad curtida en la práctica pero también una adaptación peculiar a ese momento único e irrepetible que es la entrada del adversario. El jugador no está intentando reproducir exactamente el dibujo de la pizarra que propuso el entrenador, está, por así decir, con la mente vacía fluyendo con el balón.
A menudo una mente tranquila y serena nos ayuda a centrarnos en este momento donde se cuece la vida, el único momento donde puede haber transformación. El pasado es sólo una inercia y el futuro una expectativa, pero en realidad, pasado y futuro están sólo en nuestra mente como conceptos, no tienen una realidad absoluta. Podríamos decir que lo único que existe es un tiempo eterno que se actualiza momento a momento cambiando de forma, las formas que se expresan en las diferentes circunstancias. El miedo, las prisas, las tentaciones, las dudas, las aversiones, los apegos, y un largo etcétera parece sustraernos de ese presente donde ocurre la vida. Lo más probable es que una mente dispersa no se pueda concentrar en un proceso creativo. La propuesta que nos hacen las tradiciones profundas del conocimiento es que hay que cultivar la atención.

-¿En qué va a consistir el taller que va a impartir en la Escuela de Escritura?
-Muy sencillo, una exposición sobre el tema matizando las diferencias entre atención, concentración y meditación, intentando ver cómo lo podemos plasmar en nuestra vida cotidiana. En la parte práctica haremos algunos ejercicios de concentración intentando que nos lleve a respuestas más creativas para, por último, hacer una experiencia de meditación.

-¿Qué puede aportar, en una sociedad como la nuestra, las técnicas de meditación?
-Mucho. El mundo nos lleva hacia fuera, nos zarandea en las circunstancias y nos divide en multitud de sucesos. Llegamos a casa, por así decir, con la lengua fuera, exhaustos y descompuesto. La meditación bien enfocada puede ayudarnos a recomponernos de ese desgaste a la que nos somete la realidad del mundo, nos ayuda a centrarnos y a comprender mejor lo que nos sucede.
Sentarse en meditación es una manera de salir de ese tiovivo de las acciones impulsivas o reactivas y ver a qué velocidad vamos. Cuando estamos en quietud con las piernas cruzadas entramos en un ritmo, digamos, más natural desde donde es posible ver el dibujo que está realizando nuestra vida. Es cierto que vivimos y que tenemos experiencias, pero no está tan claro que sepamos adónde se dirige esa experiencia, qué sentido tiene el hecho de vivir.
En meditación se trata de tener el cuerpo firme pero relajado que pueda soportar una respiración lenta y profunda. Con los ojos cerrados nos damos con los ojos cerrados que nuestra mente es como un mono rabioso que está enjaulado. Detrás de ese torbellino de ideas sinsentido y de esa tormenta emocional que nos sacude hay sufrimiento. La meditación es una forma de comprender ese sufrimiento y de encontrar sus raíces. Sólo yendo a la raíz podremos hacer que nuestra vida tenga dosis de paz y armonía. En realidad, como decía un conocido maestro, los males del mundo son males del alma. No se trata tanto de cambiar “allá fuera” como de “transformar aquí dentro”.
-Usted trabaja con niños desde edades muy tempranas, tal vez porque cuanto antes aprenda uno a concentrarse, mejor ¿no?
-Hace muchos años hice yoga para niños y fue una experiencia muy interesante. El yoga para niños no puede ser de ninguna manera una versión simplificada del yoga que hacemos para adultos. El yoga se tiene que adaptar a cada persona y a cada colectivo con necesidades específicas y los niños tienen que hacer yoga jugando, conociendo su cuerpo, profundizando en la psicomotricidad, reconociendo sus límites al asumir poco a poco retos mayores. El mismo juego es una herramienta de concentración, para superar los obstáculos del juego tienes que ser hábil y tener mucha concentración. La pasión nos asegura esa concentración pero es cierto que no siempre estamos apasionados por algo y hemos de cultivar la concentración. A menudo el problema de un niño hiperactivo y que tiene deficiencia de atención no lo hemos de buscar en él mismo sino en la familia que lo sostiene, la escuela que le educa y la sociedad que lo seduce con sus consignas. Bastaría muchas veces una atención individualizada de calidad, unos recursos pedagógicos suficientes y un entorno amoroso para que cualquier niño pueda aprender lo esencial.

-La imagen del escritor ‘calavera’ y noctámbulo ¿choca con la meditación?
-No conozco bien el ambiente de los escritores pero está claro que desde lo estrictamente convencional no puede salir otra cosa que una historia chata y banal. Tal vez por eso los artistas bucean en el lado “oscuro” de la vida para poder decir algo que tenga entrañas. Sin embargo, pasearse por ese lado donde están los contenidos inconscientes del individuo o la sociedad, donde se muestran descarnadamente los arquetipos de los que una sociedad huye implica ciertos riesgos. La vía del sufrimiento tiene muchos adeptos en la literatura pero está claro que el dolor sólo es un aspecto de la vida. La meditación puede servir al escritor para conocerse más y para entender mejor esos vínculos secretos entre la propia biografía y su creación literaria, pero sobre todo la meditación es una vía para cultivar la ecuanimidad. Quitarle el hierro al dolor y las alas al placer, saber tomar distancia del deseo y no huir de la aversión, mirar, en definitiva, el paso que doy pero no perder el horizonte que me contiene, es meditar. ¿Y no será esa la función del escritor, la de pesar cada palabra que escribe y quitarle todo lo que le sobra, todo lo que oscuramente la retiene, todo lo que peligrosamente la empuja, hasta dejarla con su propio peso específico?

Lourdes Timoteo

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